miércoles, 20 de mayo de 2009

Del consagrado que profundiza vocación



En torno a la VC hoy no falta empeño, sacrificio, búsqueda. En las últimas décadas se ha sembrado mucho aunque se ha recogido poco. Por eso es urgente “discernir lo que el Espíritu de Dios está haciendo surgir entre nosotros para responder a los desafíos de nuestro tiempo y construir el Reino de Dios”, reforzar esa novedad y convertirla en punto de partida de etapa nueva. En otras palabras, se necesita sembrar esperanza, poner pasión y reforzar los signos claros de vitalidad.

La Instrucción Caminar desde Cristo afirma que la VC, para que pueda ser expresión del Señor Resucitado, tiene que “desarrollarse y afirmarse en formas siempre nuevas”. ¿Cómo deberían ser esas formas nuevas y cómo hacerlas posibles? ¿Con qué espíritu y con qué ánimo hay que emprenderlas? No hay ninguna duda que para que se revitalicen quienes están encargados de revitalizar el mundo lo menos que podemos pedirles es que estén apasionados por lo que viven e invitan a vivir.

La tarea más desafiante que religiosos y religiosas tenemos por delante consiste en devolver a nuestra vida de seguimiento radical su encanto. Y ello sólo será posible si ponemos la pasión por Cristo y por la humanidad en nuestro corazón y en nuestra vida. Sólo así se la devolvería el encanto que tanto necesitaba. Solo así llegará a ser significativa y fecunda. Sólo así atraerá a otros la seguimiento.

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